Francisco Fresno, 2000. Hierro, acero cortén y acero inoxidable.
Proyecta una sombra alargada, que es parte de sí misma. Sus dimensiones contrastan con el entorno: prisma de 16 metros de altura, de hierro y acero, sobre el que se adosan mil pequeños relieves geométricos de acero inoxidable y formas variadas. Torre como un faro interior o como una chimenea, hermana de las muchas que poblaron el paisaje industrial y que el siglo se encargó de dinamitar. Los relieves sobre su superficie dibujan sin querer signos y rostros, mapas de mundos inexplorados, mensajes que los dioses de la memoria intentan evitar que olvidemos. Torre que es, además, símbolo de la industrialización gijonesa y recuerdo de la vieja fábrica que durante tanto tiempo funcionó en los terrenos donde hoy se asienta el parque.


